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29 de abril de 2016

Contribución de las redes sociales a la idiotización de las masas

Dentro del inconmensurable mundo de internet, especial atención han ganado en los últimos años las llamadas redes sociales, un lugar de encuentro obligado al que acceden millones de personas cada segundo y en el que si no estás presente eres un extraño, un bicho raro, pero que apenas merece ser tenido en cuenta, tal es la psicosis que se ha creado con este lugar virtual para comunicarse, para colgar noticias, para juzgar a otros, para decir chorradas continuamente, para estar a la última, para creer que protagonizas algo y para muchas cosas más, entre otras, para que las empresas sepan más de ti y puedan por tanto mejorar sus estudios de cómo hacer que consumas más, y para la policía, que tendrá los datos de todas las personas que se adhieren y aun en el caso de que desactiven su cuenta, ya que quedan registrados. Pero al parecer esto último a la gente le da igual, pues es más importante creer que intervienes en algo o que eres protagonista cuando todo es tan grande que el hecho de que cada vez se conceda menos importancia a nuestra necesidad de libertad verdadera.

El primer despropósito de las redes sociales y en general de internet es una confirmación, la de que el sistema está venciendo sobre las mentes de las personas y sobre su naturaleza más ancestral, moldeándola a su interés. Las redes sociales -e internet en general- no son ningún invento de las masas para cambiar nada, ni democratizar, ni recuperar la libertad perdida. Han sido creadas, al igual que lo fue la televisión, por el propio sistema para su mejora y perfección y amén que lo está consiguiendo. Con su proliferación, la comunicación por medios tecnológicos ha transformado radicalmente en pocos años la comunicación tradicional y además la ha superado claramente. Esto propiciará un aislamiento de las personas en los siguientes años ideal para el desarrollo del sistema, que solo necesita que los humanos sean más máquinas que humanos, responsables trabajadores e incipientes consumistas, que valoren por encima de todo su bienestar y que no piensen por sí mismos, aunque el ambiente que les rodee les haga creer que sí lo hacen.

Con esto último tiene que ver el segundo despropósito de las redes sociales en contra de la libertad del individuo: al parecer han difundido la impresión general de que son lugares que fomentan la democracia, la unión  e incluso la solidaridad entre la gente. Evidentemente, todo esto son engaños en los que se ha caído irremediablemente aprovechando que las redes sociales han sido creadas en un ambiente de progresismo tecnológico reverenciado por todos sus adeptos. La ideología del progreso es el motor del sistema y la mejor trampa que se ha urdido jamás en la historia de la humanidad y las redes sociales están muy bien encuadradas en ella pues en primer lugar necesitan de un ordenador para su uso, aparato que se debe renovar cada poco tiempo, por lo tanto demanda un consumo mayor en tanto que cada vez hay más personas en el mundo. La fabricación de ordenadores está enmarcada en un proceso de extracción de minerales costoso y penoso para millones de personas incluidas niños, que son esclavizados en minas para su obtención, que además ha causado guerras sangrientas por su comercio y que además ha supuesto la destrucción masiva de ecosistemas enteros con la muerte de millones de animales que vivían en ellos. Por lo tanto, calificar esta forma de comunicación tan dependiente de los recursos como una forma solidaria o democrática es una cuestión frívola en el mejor de los casos y perversa en el peor de ellos.

Pero al margen de la comunicación en sí misma y del medio físico que la hace posible, las redes sociales confirman que las masas tienden a ser cada vez más irracionales e irreflexivas, haciendo seguidismo enfermizo de los patrones establecidos, de las modas y de las nuevas tendencias sensacionalistas. Uno de esos patrones es el pertinente afán de reconocimiento que han encontrado un gran número de personas creando espacios propios para difundir cualquier cosa en donde la mayoría son meras formas de superficialidad y solo unos pocos contribuyen a crear reflexión y crítica. Aquí no solo hablamos de las redes sociales propias como FB, TW o demás estercoleros virtuales, sino también los canales de Youtube, blogs y otros. Esto no solo refuerza la idea de que internet permite a uno decir lo que le entre en gana, sino de que le otorga a mucha gente la idea -real o no- de que lo que hace o dice es importante.

Puesto que el mundo de la televisión solo se hizo apta para unos cuantos profesionales que pudieron, más o menos dignamente, vivir de ella, faltaba un lugar como internet para que todo el mundo pudiera hacer realidad sus sueños de llegar a ser importante o resultar interesante, al menos durante un tiempo, y al igual que en la televisión, cuántas más chorradas hagas o digas, más te seguirán. Incluso de esta forma, algunos han encontrado un filón económico del que nada tienen que envidiar a los susodichos profesionales de la caja tonta, pues también se aprovechan de la publicidad para ganar dinero a espuertas. Youtube es sin duda el lugar más recurrido para que millones de personas abran su espacio favorito dándose a conocer en sus vídeos, porque al fin y al cabo para eso fue creado este canal que recibe tantas visitas a lo largo del día y que resultan imposible de cuantificar, un canal que se distingue ante todo por su carácter visual.

Los blogs son otro medio de expresión muy recurrido -a pesar de que prima el lenguaje escrito-, que también promueven el afán de reconocimiento, aunque están adscritos en gran medida al fenómeno de saturación de la información, -cualquiera podría decir que el que escribe este texto no escapa a ello, y así es reconocido, salvo en dos puntos: el que suscribe este blog es anónimo, luego no tiene ninguna intención de reconocimiento o protagonismo y dos, este blog es puramente reflexivo y crítico con todo lo que es susceptible de serlo y en especial con el proceso de sistema que mantiene atrapado a casi toda la humanidad-.

Pero centrándonos más en lo que son propiamente redes sociales creadas al uso, éstas han supuesto los puntos de referencia en donde la gente aprovecha el deseo enfermizo de acaparar cuanta más atención pueda mejor. Quienes lo diseñaron -y lo rediseñan- pusieron todas las bases para hacer efectivo el seguidismo de unos a otros, aunque en la mayoría de los casos no se conozcan de nada. Así, falsamente se atribuyen amigos a quienes no conocemos ni tampoco tenemos el deseo de hacerlo. Pero cuantos más “amigos” se acumulen más gente podrá ver los mensajes que se quieran lanzar, frases célebres, imágenes, vídeos o chorradas de todo tipo. También por lo visto se fundan grupos al cuál más absurdo o grotesco y por mi parte poco más puedo decir sobre el funcionamiento interno de esta pseudorrelación cibernética y ni falta que hace, porque el sentido está claro. Las redes sociales han creado una red de estúpidos adeptos del sistema para reunirlos a todos en un espacio virtual en el que puedan sentirse libres, importantes y hasta solidarios. 

Para finalizar queremos añadir que las redes sociales están amparadas por la ausencia total de crítica incluso entre corrientes o movimientos supuestamente antisistema, pero no se podía esperar otra cosa, ya que los llamados antisistema han ido acumulando y extendiendo en los últimos años un gran número de confusiones que les ha llevado a ser otra parte más del sistema con olor a rebeldía pero carente de coherencia, y que se ha fundido en una amalgama de pseudorrevolucionarios que nada aportan a la objetividad.

2 de octubre de 2013

Descubriendo internet

Hoy la tecnología ha revolucionado la mente de las personas, pero también las ha depravado muchísimo más que cualquier otra forma alienante de masas, ya que tiene además el imperceptible efecto contrario al de su nocividad: su atracción irremediable hacia el infinito. Una de las atracciones más irresistibles de la tecnología de masas es sin duda la nueva forma de comunicación: la red de redes, la internet. Pero, ¿qué es realmente la internet?

Muchas cosas se han hablado sobre internet, casi todas ellas han sido elogios y pocas o casi ninguna crítica constructiva, ni mucho menos en forma de advertencia. He aquí una de ellas.

Empezaremos delimitando la internet como sistema de comunicación: internet es ante todo una forma concreta de comunicación propia y exclusiva de la sociedad de masas. Internet es la continuación del invento del telégrafo primero, del teléfono después y la inclusión de la radio, la televisión y la prensa escrita todo junto; internet es la culminación de la comunicación a distancia en un mundo cada vez más numeroso, más móvil, más exigente y más complejo. Debemos reafirmar que internet engloba todas las formas anteriores pues sirve para todo. Como forma de comunicación, internet ha cambiado y en cierta parte sustituido las tradicionales formas de comunicación, siendo el cara a cara la más antigua de todas. Por tanto, internet ha sido creada en un contexto motivado en primer lugar, por una sociedad superpoblada, en segundo lugar, por una sociedad globalizada y en tercer lugar, por una sociedad altamente tecnologizada.

El incremento de la necesidad de comunicación a distancia surge de forma tímida en la revolución industrial en primer término y de forma explosiva a la tecnológica en segundo. Por tanto es un producto paralelo e inherente a la modernidad. Pero, ¿cómo son en esencia las nuevas formas de comunicación a distancia? ¿qué les diferencia de la comunicación tradicional, más cercanas y auténticas? Claramente todo. En primer lugar, la comunicación tradicional, previa a la revolución tecnológica y la gran explosión demográfica es más auténtica porque el único medio es el del lenguaje directo: de hecho, no hay ningún medio entre emisor y receptor. Estas formas tradicionales son más propias de comunidades no excesivamente grandes y más bien aisladas en donde no hay necesidad de comunicarse a distancia. Sin embargo, a medida que las ciudades se hacen más extensas y se masifican, la necesidad de comunicación se hace mayor y solamente hay que esperar el avance de la tecnología para que se vayan sucediendo innovaciones cada vez más perfeccionadas que han desembocado en internet, pero que ni mucho menos han terminado todavía.

¿Qué cambia realmente con esta nueva forma de comunicación? Ciñéndonos expresamente a las formas de comunicación propiamente dichas, y por tanto excluyendo la radio y la televisión, que si bien permiten de forma circunstancial la recepción del interlocutor, son medios creados para la intervención y apropiación exclusiva del emisor, de ahí su carácter claramente peligroso por manipulador y persuasivo, podemos afirmar que cambian radicalmente toda forma de comunicación tradicional por la incorporación del medio tecnológico, gracias al cual es posible dicha comunicación “como por arte de magia”. Al mismo tiempo, el medio contribuye a la degradación en esencia de la comunicación, ya que suprime el cara a cara y potencia el poder de manipulación y engaño. El otro gran hándicap lo hallamos en el hecho de que esta forma de comunicación es inherente únicamente a la sociedad de masas y puesto que la sociedad de masas ha desembocado en la creación de seres autómatas que se guían por patrones degradantes e irracionales, el uso invasivo y omnipotente de internet contribuye a la perpetuación de este tipo de sociedades.

Suele pasar que ante innovaciones tan asombrosas como lo fueron el telégrafo y poco después el teléfono las personas reaccionen maravilladas hacia su faceta cuasi mágica y no se paren a analizar las causas de dichos cambios por un lado ni las posibles consecuencias que pueda acarrear por el otro. Imbuidos forzosamente en la idea de que el progreso es la única meta posible, estos cambios autojustificados por una cuestión de supuesta necesidad son lanzados como verdaderas proezas del ser humano moderno, y adquieren el carácter de incuestionables. Ahora nadie duda de que internet es un gran avance, muchos incluso hablan de que las redes sociales tienen la ventaja de que son inmensamente más democráticas que la televisión, es posible que sí, pero no resuelve en modo alguno la transición hacia una vida más sencilla y tradicional tendente a reestablecer el equilibrio natural. Además, no es la cuestión del derecho global y las facilidades de acceso cibernético lo que planteamos aquí, sino la esencia misma de la comunicación como tal y de sus efectos en las relaciones de las personas.

Tampoco pretendemos reducirlo a una cuestión de elección de uso, que no deja de ser algo circunstancial. Evidentemente, uno puede usar internet de una forma u otra, pues es exactamente esto lo que ofrece la red: una inmensa multitud de posibilidades que responde a una cantidad cada vez más numerosa de usuarios. Efectivamente, hay mucha más información, pero más riesgo de saturación y de malas interpretaciones; más libertad de expresión, pero más posibilidad de control por parte de quienes en definitiva tienen la red bajo su control (Facebook es un ejemplo de esto). No obstante, hay que añadir que el uso general de internet como paralelo al uso tecnológico se ha tornado exclusivo, invasivo y omnipotente, por el cual ya nadie puede escapar a él aunque quisiera. No deja de ser paradójico que un sujeto como el que suscribe esto haga una crítica a un medio que usa por la llana razón de que ya no tiene otro.

El otro punto negro y quizás más relevante que nos deja el uso invasivo de la red de redes es el que afecta más a los medios por los que se desarrolla: igual que el teléfono en su momento, la internet ha sido posible únicamente gracias a la revolución tecnológica. Sin ella, internet no se habría inventado nunca. La revolución tecnológica ha derivado en mayor complejidad, desenfreno y atracción irracional, y ha dejado de lado la sencillez y la moderación. Resulta obvio afirmar que el uso de internet solo es posible con un ordenador, al igual que la evolución del teléfono de más simple a más complejo -el móvil o celular-, pero es necesario recordar al mismo tiempo que estos aparatos son fabricados con materiales especiales y escasos cuya obtención es causante de interminables guerras, esclavitud y destrucción de hábitats y comunidades enteras de humanos y animales; y que además requieren un proceso de especialización del trabajo complejo que empieza desde la extracción de los minerales de forma penosa, hasta su comercialización en el mercado, su engaño publicitario y la compra final del consumidor.

De esto extraemos un corolario trascendental, mal que les pese a muchos, pero la verdad sea dicha: si la tecnología está destruyendo a pasos agigantados los ecosistemas vitales del planeta por culpa de su carácter invasivo y su descontrol en forma de barbarie, la red de redes, la internet, no escapa a esta nefasta osadía de la humanidad.

Por todo esto, consideramos necesario un cuestionamiento de internet como parte integrante de la destructividad tecnológica del medio si queremos construir un mundo más respetuoso con el entorno natural en el que vivimos. Pero también un cuestionamiento que vaya directo a su esencia como forma de comunicación exclusiva de la sociedad de masas, que inevitablemente conduce a la degradación de la comunicación auténtica y verdadera. El invento de internet no solo no contribuye a atajar las miles de deliberaciones perpetradas por la especie humana, sino que las aumenta día a día.